Decir que Pedro Sanchez es un estratega excepcional, a estas alturas, no va a sorprender a nadie. Es un tahúr magnífico y, aunque como los malos estudiantes siempre va al límite, de momento ha ganado todas las manos. Y eso, en una mentalidad egoísta, auto condescendiente y narcisa como la de nuestro presidente, es letal. Letal para España, claro. A esto se une que los españoles le hemos demostrado una vez más, ayer domingo 9 de junio, que somos imbéciles.

En general ser imbécil es un problema. Pero si además de ser imbécil (como ciudadano) estás gobernado por un señor que sólo tiene en mente su propio beneficio, la situación se torna dramática. Sánchez ha perdido sus enésimas elecciones frente al Partido Popular en una derrota que le sabe a gloria. Y Sánchez sabe que, en realidad, da igual, porque su plan ha funcionado a la perfección: podrá seguir realizando sus fechorías con la impunidad y el respaldo que le dan su ignominioso carácter y los votos de sus amigos neo-etarras y ultraizquierdistas.

Ayer se culminó otra ignominia, la del ex Presidente de la República Francesa François Miterrand que, a principios de los años 80, favoreció, financió y promovió el crecimiento del Frente Nacional de Le Pen. Su estrategia fue tan sencilla como brillante: crear división en el frente conservador francés para debilitar “al enemigo”. De aquellos barros vienen estos lodos y ayer el Frente Nacional (hoy llamado Rassemblement National) consiguió nada menos que 30 escaños. Para hacerse una idea de lo que significa esta victoria, hay que indicar que los liberales de Renaissance, segunda fuerza política, obtuvieron 13 escaños.

No tengo duda, (las similitudes son demasiadas para poder considerar esta situación como coincidencia), de que Pedro Sanchez conoce mejor que la mayoría de sus imbéciles conciudadanos la historia de François Miterrand. Todo su discurso de los últimos años se ha centrado en igualar y asemejar al PP con VOX y recientemente, incluso ha dado carta de naturaleza al nuevo grupúsculo de extrema derecha SALF.

La estrategia, de momento, le ha salido muy bien: el PSOE rompe récords (por abajo) en votos y el PP, aunque no deja de subir, sólo puede tocar poder si reparte sus escaños con VOX y SALF. La suma de los tres partidos da un impresionante 48,41% y 31 escaños que, sin embargo, no servirían para nada (en clave nacional) dado que ni Partido Popular quiere verse mezclado con VOX ni probablemente VOX aceptaría apoyar a cambio de nada al Partido Popular.

Recuerdo que cuando era un niño y veraneaba en El Escorial, se organizó una carrera de bicicletas. Me apunté a sabiendas de que mi nueva y flamante BH California era muy superior a las pequeñas y viejas bicicletas heredadas de mis amigos. Uno de ellos, Álvaro, conocedor de que poco tenía que hacer frente a mi máquina, decidió pinchar mi neumático delantero justo cuando ya habíamos apoquinado cada uno de los contendientes el dinero que después se embolsaría el ganador. En total 150 pesetas a 25 pelas por cabeza. Álvaro tomó el camino de los guerreros sin valor ni nobleza. Igual que Pedro Sanchez.

Nuestro presidente del gobierno es bien conocedor de que cae mal, de que gobierna mal y de que, en circunstancias “normales” (y por normales me refiero a una situación en la que en la lucha por el poder político existiera una cierta altura de miras, de ética, de nobleza y de amor por el país), no tiene nada que hacer frente a un Rajoy (antes) y un Feijoo (ahora) que, sin ser grandes estadistas, están a años luz.

Pedro Sánchez es ese niño envidioso que pincha la rueda de su contrincante porque sabe que nunca le podrá ganar compitiendo en igualdad de condiciones. Y los españoles somos esos imbéciles que, en lugar de aglutinar el voto para despedir al peor presidente de la historia de España (con el permiso de ZP), dividimos el voto con partidos radicales y jetas de distinto pelaje haciendo el juego a Pedro Sanchez.

Buenos días y buena suerte.

Deja un comentario